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Los viejos muros de sus edificios enmarcan la estampa de antaño de la isla.

Los cuantiosos misterios por develar, la alegría y bullicio de su gente, la variada arquitectura, el olor a salitre por el litoral norte… siguen haciendo hoy de La Habana una ciudad para recordar siempre. A juicio de muchos, sean habituales o transitorios pobladores, el paso de los años ofrece más glamour a este sitio, fundado como villa por los colonizadores españoles, justo el 16 de noviembre de 1519, hace 491 años en lo que hoy es Cuba.

“la capital cubana ha
sabido conservar como pocas urbesde América Latina
el patrimonio arquitectónico
de su historia colonial”

Entre las costumbres más arraigadas en los habaneros está su visita a la ceiba del llamado Templete, durante las primeras horas de cada aniversario de la ciudad, para pedir al santo patrón el cumplimiento de tres deseos solicitados, una ceremonia que como cada año volvió a repetirse ayer.

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La típica mujer de La Habana tomando el fresco en la puerta de su casa.

Bajo la sombra de ese tipo de árbol, que existía en aquel entonces allí, muy próximo al mar, se celebró la primera misa y el primer cabildo, y fue declarado el nacimiento de la villa, con el nombre de San Cristóbal de La Habana.

Para especialistas, la capital cubana ha sabido conservar como pocas urbes de América Latina el patrimonio arquitectónico de su historia colonial, asombrando a quienes llegan aquí por primera vez, y pueden visitar la ciudad antigua y la ciudad nueva.

Como principal polo turístico de la mayor de las Antillas, La Habana también exhibe hoteles de lujo, hostales confortables, cabaret famosos, entre ellos Tropicana, y restaurantes con la más variada gastronomía, autóctona e internacional. Ellos combinan perfectamente con la parte más antigua de la ciudad, donde pasear por las calles se convierte en una experiencia única, porque a cada paso el caminante puede apreciar palacios, mansiones coloniales, plazas, calles adoquinadas, iglesias, antiguas fortalezas y viejos muros.

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Anciana cubana, con un tocado muy coqueto, disfrutando un puro.

Con más de cinco kilómetros de longitud, sobresale en las preferencias del niño, el joven o el adulto el Malecón habanero, un espacio para reír, llorar, cantar, declamar, reflexionar, enamorarse…

Esta ciudad ha inspirado a artistas desde múltiples manifestaciones, y reconocidos músicos guardan entre las letras de sus canciones la crónica sobre La Habana, considerada además una importante plaza en el desarrollo de la cultura.

Asimismo representa un lugar ideal para fomentar el deporte, y en ese sentido el béisbol se roba la primera plana con el equipo Industriales, máximo acaparador de títulos en los torneos de “la pelota” y el más querido y odiado de todos los elencos del país. Desde cualquier parte de la isla caribeña, llegan cubanos a vivir en La Habana, y tal movimiento, inevitable, hace de la ciudad un conglomerado social muy heterogéneo y rico por la diversidad.

Por eso, no es raro encontrar aquí a quienes llegados de otros lugares se sientan más habaneros que los nacidos en la capital, sufran las derrotas de “los industrialistas” o caminen por el Prado o Quinta Avenida como si lo hubieran hecho toda la vida.

Mágica, plural, cautivante, absorbente, rebelde, amorosa, siempre joven, inolvidable… es La Habana, la misma que vio llegar al mundo en una de sus calles (Paula, ayer, Leonor Pérez, hoy) al Héroe Nacional de Cuba, José Martí.

 

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